Luego de que en su brevísimo período presidencial Adolfo Rodríguez Saá declarara la cesación de pagos de la deuda externa, a partir de la llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada la Argentina inició un verdadero proceso de desendeudamiento externo. Ese camino iniciado en 2003 permite que en la actualidad los compromisos financieros internacionales sean totalmente manejables en el contexto de una economía robustecida. Como lo muestra el gráfico que acompaña este recuadro, la deuda externa argentina pasó de representar el 151% del PBI en 2001 al 41% en 2009.
Además de las políticas públicas que permitieron un aumento significativo de la producción, otras de las razones que explican esta fenomenal caída de la relación PBI/deuda externa fueron los canjes de deuda llevados adelante por los dos últimos gobiernos, en 2005 y 2010. A partir de esos canjes, se logró una quita de 45.100 millones de dólares, lo que representa el 48 por ciento del monto original.
Con los nuevos bonos emitidos como consecuencia de esos canjes, no sólo se logró extender los plazos y bajar la tasa de interés, sino que además el 46 por ciento de la actual deuda se encuentra en moneda nacional.
Pero si se tiene en cuenta que en estos años en los que la Argentina no tuvo acceso al crédito internacional se buscó otro tipo de financiamiento a través del superávit fiscal, la recuperación de los bonos que estaban en manos de las AFJP y la utilización de reservas del Banco Central, la deuda que flota en el mercado –descontando la que el Estado tiene con el propio Estado y la existente con organismos internacionales– representa apenas el 17 por ciento de PBI.
Finalmente, vale destacar que 2011 representa el último año en que la Argentina tiene que hacer fuertes pagos con respecto a vencimientos. Los compromisos a lo largo del presente trepan a 11.000 millones de dólares y, a partir del año que viene, bajan a 6.000 millones.
