Una injusta distribución del espacio urbano

Año 4. Edición número 185. Domingo 4 de diciembre de 2011

Hace un año atrás, pobladores que demandaban “un lugar donde vivir” ocuparon el Parque Indoamericano conmocionando a la sociedad Argentina la secuela de hechos violentos con represión, muertes y heridos.
Ni el tergiversante tratamiento mediático ni la habitual intervención de punteros o activistas en los incidentes, pudo distraer la atención de un hecho, que sin duda significa todo un hito en la extendida lucha popular por el acceso al suelo y el derecho a la Ciudad.
Pues, en el Indoamericano se dio la particularidad que quienes ocuparon eran mayoritariamente “inquilinos” de las villas, lo cual denotaba un fenómeno nuevo (por su masividad) que es consecuencia directa del crecimiento del mercado especulativo (informal) en las villas porteñas. Donde los pobladores que no acceden al mercado formal de alquileres, son desplazados también del mercado informal por los altos precios (de los cuartos en villas) lo que conlleva la presión en tomas de suelo urbano. Lo cual, más allá de las intenciones reales de ocupación constituyen una forma de protesta social –como pasó en este caso– que busca precipitar soluciones desde el Estado.
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires no esta exenta del crítico problema social que afecta a todo el país a causa de la presión sobre el suelo que ejerce el desarrollo económico y el creciente bienestar de sectores medios y medios bajos, paradójicamente provocado
por el rol positivo del Estado en lo social, pero también por su pasividad ante la especulación del suelo.
En el distrito más rico del país, el problema habitacional se agrava, afectando en forma crítica a unos 450 mil habitantes, es decir, a 130 mil hogares. Lo cual no deja de sorprender, pues si su población es la misma desde hace mas de 60 años, el aumento de la penuria habitacional no se debe a una presión demográfica, sino simplemente a una distribución crecientemente injusta del espacio construido entre la población. Ciudad que además transita un boom de construcción –es decir, de aumento de los metros cuadrados residenciales– por
lo que ello no debería suceder.
Pero sucede, porque lo que se construye mayoritariamente es lujoso o suntuario y según los desarrolladores inmobiliarios, permanece un 70% sin ocupar, porque es “ahorro en ladrillos”.
Lo cual reconfirma un adelanto de los datos del Censo 2010: en la Caba hay 341.000 viviendas vacías. Es decir, dos veces y medio el déficit crítico.
Es evidente que para afrontar la demanda social de espacio habitable en la Caba no sería necesario construir más viviendas, sino distribuir mejor el espacio construido. Con seguir los sabios mandatos de su Constitución bastaría. Desde la preferencia ante la desigualdad que expresa el Art. 11, sobre planeamiento del Art. 27 y hasta lo que regula el Art. 31 en instrumentos, prioridades y formatos habitacionales, o hasta el auspicio para la incorporación de los inmuebles ociosos, es más que suficiente para mejorar las condiciones de acceso al espacio habitable y avanzar en términos de justicia espacial. Pero en un año nada cambió.

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Otras notas

  • La crisis del Parque Indoamericano y las tomas de tierras en Ledesma expusieron la poderosa combustión política que puede generar algo en apariencia tan vaporoso como el llamado derecho al espacio, o derecho a la ciudad . Se trata de un derecho multidimensional, en cuya ausencia la desigualdad social se plasma en desigualdad espacial.

  • De la dictadura militar en adelante, sólo se acumuló déficit habitacional. El Estado reaccionó hace pocos años, pero está muy lejos de revertirlo. El principal cuello de botella es el acceso al suelo”, dice Cravino, que es investigadora docente regular de la Universidad Nacional de General Sarmiento (Ungs) y codirige un proyecto sobre la situación en asentamientos y villas en el Área Metropolitana de Buenos Aires.
    –¿Cómo se originó el déficit habitacional actual?

  • Datos recientemente difundidos del Censo 2010 señalan que existen hoy en la Ciudad de Buenos Aires 341 viviendas ociosas, esto es, el 23,9% del total. Este porcentaje, que supera en casi 6 puntos a la media nacional, contrasta con la situación de emergencia habitacional de la ciudad: 119.000 porteños y porteñas habitan viviendas precarias –casillas, ranchos, piezas en inquilinatos, pensiones o locales no construidos para habitación– y en los últimos 10 años el crecimiento de la población en villas superó el 50%.

  • Según el último censo nacional, en el país hay 2.500.000 viviendas deshabitadas, casi el 20 por ciento del total. Ante esta situación y en el marco del Día Internacional del Hábitat que se celebra mañana, en el Senado de la Nación se presentarán cuatro proyectos de ley que buscan disminuir las inequidades sociales respecto al acceso al suelo.

  • Los habitantes de la villa 1-11-14 lograron en el año 2000 que la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionase la Ley Nº 403, que dispone que dicho barrio debe urbanizarse.

  • En agosto de 1907, el sur de la Ciudad de Buenos Aires fue sacudido por una poderosa huelga. Miles de personas, muchas de ellas inmigrantes, tomaron los conventillos en protesta por un brutal aumento de los alquileres de sus piezas. Vivían hacinados, sin agua potable ni red cloacal. Por el conflicto, decenas de dirigentes fueron encarcelados y la sociedad los acusó de desaforados, sucios y promiscuos. Las palabras tano y gallego connotaban desprecio. Las mujeres, empuñando sus escobas, estuvieron en la primera línea para enfrentar a la policía.