Derrames cerebrales durante una pelea, problemas mentales durante y después de bajarse del ring, contratos abusivos de los managers, falta de un marco previsional. El boxeo, el deporte que más personas saca de la marginalidad, es una actividad que antes, durante y después del pugilato regala momentos con techos de enorme felicidad y, a la vez, situaciones sumamente crueles.
Abuso. “Yo firmé un contrato con Rivero quince días antes de pelear por el título del mundo”, dice Héctor Velazco, ex campeón del mundo en la categoría Medianos. “Una locura. Firmaba con él o no peleaba. El boxeador no puede estar así, debe haber un marco legal para tapar ese vacío”, agrega el ex pugilista. Velazco y la abogada Miriam Peral redactaron un proyecto de ley que ampara estas dificultades. “Mirá el caso de Sergio Palma. Fue un monstruo, llevó la bandera argentina a lo más alto del mundo y ahora tiene que vivir de lo que escribe. Es una vergüenza. Yo pregunto, ¿no debería tener una jubilación un tipo que llegó tan alto y representó al país?”, sostiene El Artillero de Villa Gesell.
El enorme quiebre que sufren los luchadores cuando dejan la actividad es uno de los puntos más fuertes de este proyecto. “Los boxeadores deben realizar aportes como corresponde y saber qué hacer con ese dinero que ganan”, apunta Velazco. El retiro es una de las cuestiones más complejas de enfrentar para un boxeador profesional. Carlos Monzón, por ejemplo, sufrió como un niño la falta de actividad. En octubre de 1980, tres años después de su última pelea, lo citó al perdiodista Horacio García Blanco en su departamento de la calle 11 de Septiembre, en el barrio de Belgrano. García Blanco, que estaba muy acostumbrado a tratar con boxeadores de todo tipo, se encontró con un panorama desolador. “Estaba solo, en un departamento enorme. Me vio entrar y antes de que me sentara me dijo: ‘Gordo, te juro que no sé qué hacer con mi vida’”, recordó el comentarista antes de morir. La falta de contención emocional fue mucho más fuerte que aquel hombre de derecha letal. Su final puede sumarse a muchísimos otros: Ringo Bonavena, José María Gatica, Andrés Selpa, Ubaldo Sacco. Hay casos más pequeños pero elocuentes. Son personas que empiezan a boxear por necesidad. También a ellos apunta la ley. “Hay cientos de chicos que tienen problemas de salud durante la actividad y nadie se entera”, apunta Velazco. El proyecto de ley privilegia el derecho a la salud del deportista y la prevención de futuras lesiones. En su artículo ocho establece como obligatoria la presencia de un Seguro Médico Deportivo que “deberá asegurar tanto al boxeador amateur y profesional, técnicos y segundos o ayudantes de rincón autorizados, en todos los eventos en los que participen”. Asimismo, el artículo 10 subraya “incluir en los estudios que exige la Federación Argentina de Box para el otorgamiento de las licencias (…) estudios de sida HIV, hepatitis B y C, oftalmológicos, clínicos de sangre y orina completo, electroencefalogramas y tomografía computada de cerebro”.
El intento del armado de la ley y de un sindicato de boxeadores le trajo a Velazco algunos problemas. Sin ir más lejos, la FAB, entidad madre de la actividad en Argentina, lo incluyó entre los suspendidos definitivamente para la práctica del deporte cuando quiso volver a boxear en julio pasado. El argumento fue que su regreso violaba disposiciones especiales de seguridad para boxeadores que vuelven del retiro con más de 30 años. Velazco debió pelear en Ghana ante Brahimah Kamoko por el título pesado de la Wpfb (Federación Mundial Profesional) con una licencia de la CMB (Comisión Mundial de Boxeo). No obstante, la entidad que dirige Bisbal permitió en los últimos dos años subir al ring al menos a cuatro boxeadores que estaban en una situación similar a la de Velazco. Un clásico del boxeo criollo.
“Quiero seguir trabajando en esto. Se me terminó el boxeo, y la plata que gané fue poca porque se la quedaron los promotores. Por ser campeón del mundo me dieron 10 mil pesos. ¿Sabés qué fue lo primero que me compré? Un par de medias, porque ni eso tenía. Me invitaron a la cancha de Nueva Chicago que jugaba contra Huracán y me hicieron dar el puntapié inicial, el zapato casi se me sale y me dio mucha vergüenza porque ni medias llevaba puestas”, cuenta el gesellino. Velazco tiene su experiencia y quiere echarla a rodar. Espera con ansiedad que su objetivo se le cumpla. Que su sueño se haga ley.
