En La noche de los Lápices, de María Seoane, el relato se construye a partir de los dichos de Pablo Díaz, sobreviviente tras la detención y secuestro, junto a sus compañeros, en 1976, por “hacer política”. Hoy tiene tres hijos –28, 21 y 14 años–. El primero es militante de derechos humanos, el segundo nació un 24 de marzo y, la tercera, se encuentra involucrada en la actual lucha estudiantil.
En declaraciones al programa Una Vuelta Nacional de Radio Nacional, Pablo contó que su niña “pasó de Casi Ángeles al conflicto” y que ahora lo juzga como padre “no por el pasado sino por lo que hago en este conflicto, si acompaño o no”.
Para Díaz, los papás “estamos ante una oportunidad histórica. Siempre queríamos saber y esperábamos un disparador en una sobremesa familiar para conocer lo que piensan nuestros jóvenes y la verdad es que ahora que se están expresando muchos adultos los provocan para que se callen”.
Díaz asegura que no le interesa tanto si sus hijos pierden un día de estudiar de memoria, como “la formación de valores, que sean buenos hombres y mujeres. Me interesa más –afirma- poder charlar con ellos, que se hagan individualmente libres, que tengan seguridad en sí mismos y puedan reconocerse. Todo reclamo tiene indudablemente una causa, y de esta causa somos culpables nosotros los adultos. Por supuesto que debe haber límites, pero el límite de todo conflicto justo es la solución y me parece que la solución, lamentablemente, no está”.
