Es como esos matrimonios que empiezan a tener problemas antes de terminar de pagar la fiesta de casamiento. En el caso del kirchnerismo cordobés y el PJ delasotista, la crisis, incluso, llegó antes de que los novios enfilaran hacia el altar. En una provincia donde el kirchnerismo nunca ganó –en 2007 Cristina Fernández perdió con Lavagna y en 2003 Néstor Kirchner había terminado quinto– hace unos meses se quiso imponer el modelo santafesino de peronismo unido.
La primera puesta en escena fue un acto en la Plaza de la Intendencia de la capital, donde la Presidenta inauguró obras, acompañada por el gobernador Juan Schiaretti y el intendente Daniel Giacomino. Por teleconferencia estaban en Villa María el intendente kirchnerista Eduardo Accastello y en Laboulaye el ex gobernador José Manuel de la Sota con la intendenta de esa ciudad, Alicia Pregno.
El dato de ese acto fue la rechifla de los más de 10 mil asistentes que tuvo que soportar Schiaretti cuando quiso hablar; lo mismo que De la Sota cada vez que lo ponchaban en la pantalla gigante. Quedó claro que el kirchnerismo hoy tiene militancia y poder de movilización en Córdoba, algo que empezó a esbozarse luego de la muerte de Néstor y se potenció este año. Y que esa militancia no tiene nada que ver con el PJ delasotista.
Al día siguiente, Schiaretti salió públicamente a anunciar que “nunca más” iba a movilizar a su gente para la Presidenta, pero la verdad es que nunca lo hizo, ni esa vez ni antes.
¿Quién con quién? Pasó esa tormenta y comenzó por lo bajo un trabajo de ingeniería de algunos operadores que intentaron acercar posiciones. Hoy, la pregunta principal que muchos se hacen es: ¿quién necesita a quién? Si tomamos los datos sobre las performances del kirchnerismo cordobés, se concluye que el kirchnerismo necesita la unidad del PJ provincial de cara a las presidenciales de octubre. Pero el panorama cambió y hoy las encuestas dan a Cristina en Córdoba con una intención de voto de más del 40 por ciento.
Por el contrario, para las elecciones provinciales del 7 de agosto próximo, De la Sota no la tiene muy fácil en su lucha contra el senador nacional Luis Juez, un peronista pragmático que puede oscilar entre subirse a un tractor con los sojeros en plena pelea por la 125, hasta abrazarse con Pino Solanas o Hermes Binner para mostrar una versión progresista.
Lo que está en juego. Más allá de su flexibilidad ideológica, Juez puede atraer parte del voto progresista. Porque el votante de derecha tiene muchos motivos para votar a De la Sota, al propio Juez, y mucho más al radical Oscar Aguad. El tema es ver qué votará en agosto el 40 por ciento del electorado que en octubre elegirá a Cristina. En ese sentido, De la Sota necesita más del kirchnerismo, que el kirchnerismo del delasotismo.
La otra gran pregunta es: ¿qué cambia para el gobierno nacional si en Córdoba gobierna Juez o De la Sota? No mucho desde lo político, ya que ninguno de los dos es confiable para la Casa Rosada. Hay que recordar que durante su mandato, De la Sota intentó privatizar el banco y la empresa de energía, y hasta retó a las Madres de Plaza de Mayo por “no cuidar como corresponde” a los desaparecidos. La única diferencia está en los lugares que se pueda conseguir en una negociación con De la Sota. Y aquí sí llegamos el punto crucial de estos días.
Según los kirchneristas, el PJ delasotista se comprometió a darles el lugar de vicegobernador. Los delasotistas retrucan que no es así, porque al vice lo elige el candidato. Resultado: De la Sota anunció el lunes que su compañera de fórmula sería Pregno, la intendenta de Laboulaye.
Guerra mediática. A partir del martes se desató una guerra mediática. La presidenta del Partido de la Victoria, la diputada nacional Carmen Nebreda, dijo que se rompía toda negociación. Luego De la Sota le retrucó desde Río Cuarto que le daba pena ver gente que se peleaba por cargos. Y agregó: “Mi única preocupación es seguir defendiendo a Córdoba como lo ha venido haciendo el contador Schiaretti”. Esta frase fue como una puñalada para muchos kirchneristas, porque remite a una política de federalismo mal entendido –que tuvo su máxima expresión en la discusión por las retenciones–.
La última jugada en esta partida fue el amague de Accastello de encabezar una lista kirchnerista pura, que le sacaría votos a De la Sota. Sin embargo, el viernes a la noche el villamariense se anotó en la carrera para su reelección municipal sin que la presión surtiera el efecto deseado. Por ahora De la Sota resiste y defiende a su candidata, que sigue siendo una de las prendas de cambio en una negociación que tiene tiempo hasta el 18 de junio próximo, cuando venza el plazo para inscribir las candidaturas.
