• Falso perfil. Batista rifó su credibilidad y llamó a Tévez.
Hay hechos, situaciones, que marcan los perfiles de los protagonistas. Sergio Batista, en tres días, tiró por la ventana la que había sido su decisión más fuerte desde que está a cargo del Seleccionado, la carta con la que había presentado su autoridad: no convocar a Carlos Tévez. La excusa, floja de argumento, era que su nueve era Lionel Messi. La verdad, lejos de esto, era que Tévez es uno de los pocos jugadores que incomoda. No es un rebelde de Sierra Maestra, claro. Pero tampoco le gusta callarse nada. Junto con Martín Palermo, fue el único que bancó a Diego Maradona públicamente luego del Mundial, y uno de los pocos que se quejó por los amistosos que la AFA organiza de la mano del empresario GuillermoTofoni. Algo sucumbió en la cabeza de El Checho. Manso, lo convocó y dejó expuesta su credibilidad. Se supone que también su autoridad ante el grupo. A todo esto, la selección Sub 25 sufrió una goleada (4-1) compleja ante Nigeria esta semana y Grondona aprovechó para embarrarlo: “Batista rifó el prestigio de la Selección”.
• Yo, argentino. Grondona acusado de recibir una coima.
Grondona padeció filtraciones esta semana. Aunque se presume que saldrá ileso –al menos es lo que marca la experiencia empírica–, ahora fue el presidente de la Concacaf, Jack Warner, quien dio una pirueta en el aire para acusarlo y desprenderse de Joseph Blatter, su aliado en años. Marcó a Don Julio de ser sobornado junto al titular de Conmebol, Nicolás Léoz, por favorecer la elección de Qatar 2022. La Fifa trató a Warner con la lógica que entidades así tratan a los traidores, exhibió fotografías de los sobres que había recibido del qatarí Bin Hamman –rival de Blatter en las elecciones 2011–, para repartir entre las asociaciones de la Unión Caribeña de Fútbol. La Fifa, a través de su Comisión de Ética, bajó a ambos (Warner y Hamman) de un sólo tiro. Grondona, acusado de recibir 5 millones de dólares, esgrimió su argumento: “Voté a Qatar porque votar a Estados Unidos hubiese sido como votar a Inglaterra. Y eso, no”.
• Del resbalón y la caída. Vélez y Silva, injustamente fuera de la Copa.
Es irrisorio lo que a veces define una clasificación. En el momento que el árbitro chileno Enrique Ossés pitó el penal que podía darle la clasificación a Vélez a la final de la Libertadores, no existía en el fútbol argentino un jugador más indicado para ejecutarlo que Santiago Silva. Seguro de sí mismo, de rendimiento soberbio en Vélez y Banfield. Una garantía.
El uruguayo es el mejor del fútbol local de las últimas dos temporadas. Y Vélez el equipo más trabajado y serio. Pero para el fútbol, deporte caprichoso, no alcanza. Una mata de pasto en el talón del botín izquierdo del nueve del Fortín, acaso también el rocío, lo hizo resbalar, perder el equilibrio y todos vieron como la final se iba, mansa, por arriba del travesaño.
Los hinchas de Independiente que presenciaron el 3 a 0 de la noche del 12 de abril en el estadio Libertadores de América también deben tener alguna dificultad para creerlo. Aquel equipo pálido al que los de Mohamed derrotaron sin redoblar esfuerzos, candidato a bajarse en primera ronda de la copa, ahora es finalista.

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