Cuando se habla de las relaciones entre la Argentina y Venezuela, habitualmente se pone el foco en el aspecto político, dejando de lado una cuestión clave que tienen que ver con otro aspecto concreto de la relación bilateral: la económico-comercial. El reciente ingreso de Venezuela al Mercosur da pie para un análisis del presente de esas relaciones y de las oportunidades.
Venezuela posee grandes riquezas minerales. Tiene una de las mayores reservas petrolíferas del mundo. También se destaca en la explotación de hierro, gas natural y, en menor medida, de cobre, plomo y diamantes. Sin embargo, Venezuela tiene un importante déficit estructural en el sector agroalimentario, lo que la obliga a importar la mayor parte de los alimentos que consume.
Actualmente, el país importa unos U$S 30.000 millones; pero sólo U$S 5.000 millones corresponden a bienes y servicios provenientes de sus flamantes socios del Mercosur. Un dato que da cuenta de las grandes oportunidades que representa Venezuela para todos los países miembros del bloque.
Puntualmente, las relaciones comerciales entre la Argentina y Venezuela tuvieron un gran impulso desde el 2003. Desde ese año, el valor de los intercambios entre ambas naciones experimentó un incremento récord –casi un 1.000% entre 2003 y 2008-. La mejora no fue sólo en términos de volúmenes. También se dio en el plano cualitativo, que se verificó un creciente intercambio de productos con mayor valor agregado. Las manufacturas de origen industrial se posicionaron como el rubro con más crecimiento en las relaciones comerciales bilaterales. En segundo lugar, se ubicaron las manufacturas de origen agropecuario; seguidas por los productos primarios y los bienes pertenecientes al rubro de combustibles y energía.
Hay que destacar que la suscripción del Tratado de Libre Comercio entre la Comunidad Andina de las Naciones y el Mercosur en 2003, y el Acuerdo de Complementación Económica, en conjunto con el Convenio Integral de Cooperación en 2004, otorgaron medidas de preferencias arancelarias y de cooperación en ciertos sectores productivos que permitieron intensificar el intercambio bilateral entre Buenos Aires y Caracas.
Actualmente, la Argentina está preparada para abastecer a Venezuela con productos con poco valor agregado –cereales, grasas, aceites animales, aceites vegetales, bebidas, líquidos alcohólicos, etc.–; pero también con bienes de mayor valor –vehículos y autopartes, productos de la industria plástica y sus manufacturas, productos químicos, manufacturas de fundición de hierro y acero, entre otros–. Todos estos bienes, especialmente los de menor valor agregado, son importados en grandes cantidades por Venezuela y son exportados en grandes cantidades por la Argentina.
Otros rubros que presentan potencial, aunque en este caso ya tienen una importante inserción en el mercado venezolano, son los productos lácteos y farmacéuticos. Las oportunidades de inversión alcanzan, incluso, al sector hotelero, en la medida en que no tiene un gran desarrollo en Venezuela y se trata de un negocio con importantes incentivos impositivos. Incluso, la industria vitivinícola nacional tiene chances en un mercado venezolano que, aunque pequeño, registra un constante crecimiento y que ha sido captado, principalmente, por los vinos chilenos.
También hay grandes oportunidades para la formación de sociedades de capitales mixtos para producir en tierras venezolanas productos como soja o maíz –sus tierras son óptimas para estos cultivos– y para la creación de fábricas de maquinaria agrícola, dónde Venezuela puede aportar los insumos –hierro y acero– y nuestro país la tecnología y experiencia necesarias.
Se debe tener en cuenta que las empresas argentinas competirán en muchos de estos sectores con el resto de los socios del Mercosur; pero muy especialmente con las empresas de brasileñas, que tienen, en la actualidad, una participación mayor que las nuestras en el mercado venezolano. Para concluir: es importante subrayar que, ante la grave crisis internacional, es clave profundizar la integración regional. Sobre todo en un mundo que demanda cada vez más energía y alimentos. De allí que la complementación con una potencia energética como Venezuela es estratégica para nuestro país.

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