La Gestión Macri ha vetado –desde que asumió el poder de la Ciudad hasta hoy más de un centenar de leyes; una verdadera “vetocracia” que dista mucho del principio representativo (que rige en nuestra Ciudad y nuestra Nación) que se basa en la equidad entre los tres poderes. Lo más grave en este caso, es que no estamos hablando de vetos azarosos, hablamos de leyes que mayoritariamente están vinculadas o dirigidas a sectores desprotegidos y que son discriminados a través de estos vetos.
Hablamos de leyes sociales y culturales, hablamos de demandas ciudadanas, leyes que en la Legislatura surgen del debate y el consenso ante peticiones y medidas concretas que reclaman los vecinos: es la voz de ellos la que Macri no está escuchando. Este tipo de actitud “vetocrática” implica una falta de respeto a los ciudadanos y a los acuerdos legislativos, y esto no es un dato menor, porque puede tener implicancia en el camino que le queda por delante a Macri al frente del Gobierno.
Los argumentos que expone el macrismo para justificar los vetos son falsos. No se trata de problemas técnicos –como se cansa de repetir la vicejefa de Gobierno, María Eugenia Vidal–, tampoco son económicos. Un claro ejemplo es el veto a la ley para la creación de una línea gratuita para denuncias de violencia de género ––con lo complejas que son estas situaciones para las víctimas–, ¿cuánto puede costarle a la Ciudad con el Presupuesto que tiene?, o acaso, ¿muchas de estas leyes no se están aplicando en otros distritos con un presupuesto menor? El costo total que recortan todos los vetos no debe llegar a ser el uno por ciento de los intereses escandalosos que se pagan por la deuda que se tomó para hacer obras en el subte y cuyo dinero nunca se usó. Las medidas marketineras, como por ejemplo las supuestas playas –en una Ciudad sin playas como lo es Buenos Aires– sí son sostenidas más allá de sus costos. Las medidas de control (como la regulación a la pauta oficial, a la cual se destina mucho mayor presupuesto que a las leyes sociales y culturales) también fue vetada y es un área sobrejecutada.
Es mentira que cuida los recursos, los vetos de Macri son ideológicos. Se trata de un rasgo de identidad. A un Gobierno, no sólo se lo reconoce por lo que hace, sino también por lo que no permite que ocurra.
