Yo, Matías Almeyda, el hincha

Año 5. Edición número 190. Domingo 8 de enero de 2012
(TELAM)
El director técnico de River tiene conductas y declaraciones cambiantes. “Va a ser un desastre”, dijo del Superclásico de verano.

Corría 2005. Diego Maradona, flaco y recuperado de su adicción, encaraba la Noche del 10 en Canal 13. En una de las secciones del programa, era sorprendido por una carta. En este caso, estaba escrita en pleno Mundial ’86 por un chico de 12 años. En uno de los momentos más emocionantes decía: “¿Sabés una cosa? Tuve puesta una camiseta tuya de cuando jugabas en Boca, te juro que cuando me la puse se me llenaron los ojos de lágrimas”, mientras aparecía la foto a medio fundir del pibe con la camiseta puesta. Cuando terminó, Matías Almeyda, escondido entre el público de la tribuna, se la acercó, emocionado: “Dejé de jugar al fútbol y volví a ser un hincha”, le dijo y le entregó la carta en mano al Diez, luego de casi 20 años de espera.

Vuelta. En mayo de 2004, Almeyda había regresado tras estar ocho años en Europa. Su deseo era River: “Vengo a jugar gratis”, decía. Pero fue Independiente el que le abrió las puertas, “al principio pensé en River y por eso hablé con José María Aguilar y con Leo Astrada, pero tenían que tomar decisiones que no se tomaron. Por eso hoy mi carrera comienza de nuevo y esta felicidad tapa todo (…). Hace rato que quería volver al país”, enfatizó en conferencia de prensa el 12 de agosto de 2004. Siete días después, en un comunicado señaló: “Tomé la decisión de no jugar en el fútbol argentino y residir en el extranjero… Me siento muy mal por no haber satisfecho la voluntad del presidente Julio Comparada y de Daniel Bertoni”. El caso era que su padre, según una versión que manejaba la policía bonaerense, podía sufrir un secuestro extorsivo.
En marzo del año siguiente, Almeyda estaba nuevamente en Argentina. Nelson Vivas lo convenció de que jugara la Copa Libertadores para Quilmes. Cuando el equipo quedó afuera y Javier Mascherano había emigrado al Corinthians, River lo convocó. “Me da orgullo regresar a mi casa. Estoy muy feliz y voy a dejar todo”, sostuvo el 14 de junio de 2005. Quince días después, debía concurrir a la revisación médica pero se excusó: “Me molesta tener que volver a entrenarme, a concentrarme (...). Las ganas ya no son las mismas, así que en lugar de arreglar mi contrato y tener que irme dentro de un mes, prefiero decir ahora cómo son las cosas”. Portazo.

Ambiente. “No me bancaba la falsedad del ambiente, la falta de palabra, la falta de dignidad”, sintetizó luego. El Showbol fue un salvoconducto. La gira que varios ex jugadores emprendieron con Maradona, le permitió conocer Noruega, lugar que lo “fascinó”: arregló con el Lyn Oslo e hizo tres goles en siete partidos.
Y allí se le apagó la luz. Regresó a administrar sus campos en Azul y cayó en una fuerte depresión. Una de sus hijas, lo dibujó como un león rendido y triste. La terapia se encargó del resto para sacarlo a flote.
Volvió al fútbol jugando para Fénix en la C (dos expulsiones en tres partidos) y en el Torneo Senior Super 8 jugando para River. Allí, cuando se ponía la camiseta le dijo a Francescoli : “¡Qué lindo es esto!”. Enzo le devolvió: “Te veo para jugar en Primera todavía, ¿querés que le hable a Gorosito?”. En el torneo de veteranos no hacía la diferencia pero en River fue fundamental. De hecho, se convirtió en el referente del cuarto puesto obtenido en el Apertura 2010, un equipo que estaba para pelear arriba pero que descendió. Su imagen besándose la camiseta luego de la expulsión con Boca en la fecha 14 fue el símbolo de su caída final como futbolista y de la decadencia del club.
Sin embargo, había aprendido a surfear en el ambiente del que no se “bancaba la falsedad, la falta de palabra, la falta de dignidad”. Apenas se fue J. J. López, su entrenador, se sentó en el banco.
Desde allí comanda el regreso de River a Primera. Es un lugar que demanda equilibrio: “No es el tema de los violentos. No están dadas las circunstancias porque River está en la B Nacional y Boca es campeón de la A. ¿El hincha de River va a bancar las cargadas? ¿Nosotros en el hotel nos vamos a bancar eso? Va a ser un desastre”, diagnosticó esta semana. Podría haber puesto paños fríos, haber dicho que las cosas importantes pasan afuera. Pero eligió otro camino, similar a aquel que le confesó a Maradona en 2005 luego de que se lo viera con la camiseta de Boca en un archivo: “Dejé de jugar al fútbol y volví a ser un hincha”.

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