No olvidar, no perdonar, no permitir que se instale la cultura del odio que alienta el Grupo Clarín y sus socios y amigos, debería ser de aquí en más un imperativo ciudadano.
Desde sus editoriales, los escribas y lenguaraces del Grupo se metieron por una claraboya al quirófano donde operaban a una mujer, al fin y al cabo una persona común con responsabilidades especiales. Levantaron las sábanas impúdicamente, manosearon la herida de la cirugía, diagnosticaron maliciosamente, pasaron de ser periodistas amarillos a traficantes de órganos, sin rubores ni vergüenzas. Leer mas »