Contratapa

Las mil y una

Las actualidades superpuestas de dos mundos argentinos –los de la economía pólítica y el fútbol– nos llevan a los paisajes menos cruentos del Golfo Pérsico, aquellos que no son bombardeados por las fuerzas de la OTAN ni se hunden en el estrés de las guerras fratricidas, un fuego local al que siempre le echa leña la Civilización de Occidente. Leer mas »

Violencia de género

“¡Rajá, turrito, rajá!”
Roberto Arlt

El tipo está preocupado, nunca se imaginó que iba a pasarle. Pero la realidad siempre se impone y la sensación (la soberbia) de la propia impunidad un día se acaba, más bien se derrumba. Eso es lo que le está pasando ahora al tipo. Y está muy preocupado, no se siente nada bien.
El tipo es un golpeador, un abusador de mujeres, de esos que creen que siempre van a tener inmovilizada a la víctima, encerrada en un dispositivo del que nunca va a poder salir. Leer mas »

Sueño de una noche de Reyes

Hace mucho que no sueña, el tipo. Los sueños, para él, son como una materia que se llevó a marzo: un escolaso desbarrancado que esta noche no y mañana a la noche tampoco. Años hace que no sueña. Se duerme con ganas, piensa en algo agradable ni bien cierra los ojos, hace fuerza, pero minga; de sueños, nada de nada, cero al as. En las madrugadas auspiciadas por Johnnie Walker se quedaba callado mientras sus amigos arrastraban las erres contando maravillas o truculencias oníricas. De a poco, lo fueron raleando. Se sabe: un tipo que no sueña es un embole. Del analista, ni hablar. Leer mas »

Variaciones sobre el narcisismo

Son las seis de la mañana cuando el filósofo despierta sobresaltado por unos golpes (que suenan desesperados) en la puerta de su casa. Es impensable otra cosa que una tragedia para que alguien se atreva a perturbar a tan inopinada hora el descanso de un director de estudios en París. Envuelto en una bata, con los lentes inútilmente acomodados frente a los ojos, el filósofo abre la puerta. Su mirada, aún enturbiada por el sueño, se topa con el rostro desencajado del doctor. Leer mas »

El fin del mundo dos días después

El hecho de que haya comprado el diario y esté leyendo esta nota, hace que el tipo respire hondo y se apreste a seguir pensando en otras laceraciones. Leer mas »

Nelson Mandela, gracias por siempre

Resulta estremecedor: Graça Machel advirtió hace pocos días que la vida de Nelson Mandela se está apagando. Graça es mozambicana, fue la esposa de Samora Machel, el presidente revolucionario de Mozambique que murió en un accidente de aviación y que, años después, cuando Madiba –como se conoce a Mandela– cumplía 80, se casó con él. Leer mas »

7 de M

No puede dejar de caer en la cosa fácil, el tipo. Lo sabe: tiempos éstos de caer con demasiada fruición en la cosa facilonga, qué le va a hacer. Decíamos: no puede dejar de caer en la cosa fácil y pensar, por un segundo, en eso que decía Borges. Leer mas »

Una de terror

De pie, a un costado del escenario, el director dice “acción”, y la cámara empieza a rodar la fiesta de bodas del enano Hans y la equilibrista Cleopatra. Desde una de las cabeceras de la mesa, el enano Angeleno anuncia: “¡La aceptamos!”; la cámara lo abandona y gira hacia Joseph-Josephine, el hombre-mujer, que corrobora entusiasta: “¡La aceptamos, la haremos una de los nuestros (one of us!)”. Todos cantan, en un coro que va in crescendo. “One of us!”, hace punta otro de los enanos; “one of us!”, corean la mujer barbuda y la mujer sin brazos. Leer mas »

Obligado, la soberanía y los cipayos

El 17 de noviembre de 1845 una fabulosa flota anglo-francesa compuesta por varias decenas de buques a vapor y 113 poderosos cañones, partió de Montevideo con la misión de apoderarse del río Paraná e imponer la libre navegación. La acompañaban más de un centenar de navíos comerciales cargados de mercancías. Leer mas »

Y vuelve

Al pie de la escalera lo estaban esperando Rucci y Abal Medina, por lo que no se hizo necesario aplicar el plan que Perón le había comentado a Pietragalla. Allí cruzaron unas breves palabras entre los tres y se acomodaron en los automóviles para dirigirse al hotel. Tras la escena histórica del paraguas, el General fue saludando a los manifestantes dentro del vehículo con la ventanilla baja. Hasta que llegó al Hotel Internacional. De riguroso traje oscuro, Perón bajó del coche, se acomodó el traje e ingresó. Detrás de él iban Rucci y Abal Medina. Leer mas »

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