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Diez días en la Edad Media

Diecisiete muertos. Con diecisiete muertos se borra todo intento de ironía, piensa el tipo. Diecisiete muertos ponen una barrera a las eternas lluvias del Macondo de García Márquez, a la furiosa exuberancia de Jorge Amado, al pánico de las casas tomadas de Cortázar. Si se quiere hasta las dilatadas conversaciones catedralicias de cuando Vargas Llosa era ni más ni menos que un buen escritor. Los muertos, y el entorno de esas muertes, se parecen más a la oscuridad medieval de Umberto Eco. Una Edad Media en plena posmodernidad, de Buenos Aires al mundo, se dice el tipo. Leer mas »

Ayeres y mañana

El 2 de abril de 1917 el presidente norteamericano Woodrow Wilson le comunicó al Congreso su decisión de participar en la Guerra Mundial: “La neutralidad ya no es factible ni deseable al estar en juego la paz mundial”. Nadie, exceptuando al asesor presidencial Edward Bernays, supuso que ese día nacían las relaciones públicas, escondiendo bajo su manto la manipulación informativa. Leer mas »

Sostiene Mujica

Estoy aquí en cumplimiento de lo resuelto por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en sentencia de 24 de febrero de 2011, en el caso “Gelman vs. Uruguay”. De acuerdo a ese fallo, “el Estado uruguayo debe realizar, en el plazo de un año, un acto público de reconocimiento de responsabilidad internacional por los hechos del presente caso”.
Comparezco entonces en representación del Estado en mi carácter de presidente, jefe de Estado y jefe de gobierno y mando superior de las Fuerzas Armadas de este país. Leer mas »

Mi primer gatillo fácil

La riña había sido desigual: dos roperos –después se supo que jugaban en las inferiores de algún equipo de rugby– contra un muchacho de contextura bien plantada, pero nada más. Fue en una parada de colectivos sobre la Avenida del Libertador, a la altura de la Quinta Presidencial de Olivos. La instancia previa consistió en un ríspido intercambio de palabras, cuando desde una Estanciera los primeros se burlaron del otro por su aspecto algo estrafalario. Todo parecía indicar que éste no iría a salir indemne del asunto. Sin embargo, en menos de un minuto doblegó a sus rivales. Leer mas »

El enviado de Marx

Corren los últimos días de 1872 o, quizás, los primeros de 1873 cuando desembarca en el Puerto de Buenos Aires un joven de 22 años. Los papeles que presenta ante las autoridades lo identifican como Raymond Wilmart de Glymes d’Hollbecq, nacido el 11 de julio de 1850 en Jodigne-Souvraine, Bélgica. Leer mas »

No habrá más tetas ni olvido

Qué nos pasó a los argentinos? ¿Quién fue el raro bicho que nos picó che pebetes y nos dejó haciendo firuletes en medio del abismo cual si fuera suelo firme? ¿Por qué nos habrá parecido natural un buen día, o una mala década, que el Estado se desguazara, los ferrocarriles terminaran de desaparecer, y la luz, el gas, el agua, bancos, petroleras, telefónicas, Afjp, empresas alimentarias, de seguros, etcétera, fueran liquidadas a ritmo vertiginoso a empresarios extranjeros? ¿Para salvarnos de qué nos despojamos de todo? ¿O son preguntas viejas? Leer mas »

Volver

Se refriega los ojos con las palmas de las manos como para ver mejor, como para sacarse esas telarañas invisibles por inexistentes que le ocultan vaya uno a saber qué paraísos extraviados y, paradójicamente, cuando sus manos se apoyan, mansas, en los muslos, los abre apenas un segundo para verse los pies y los vuelve a cerrar. Leer mas »

Vamos a marzo

Largo lunes del año, marzo se avecina como un bostezo anunciado. Pero en este 2012 arrancará subrayado por una marca roja, la de la amenaza. Agoreros de amplio espectro mediático y angosto espectro político se frotan las manos. Los bolsillos no sólo enflaquecerán por obvias razones estacionales, comienzo de clases, asunción de responsabilidades personales, familiares, laborales y empresariales, gastos. Un aplastante vaticinio de inflación combinado con crisis múltiple promoverán las ganas de taparse con frazada hasta los pelos aunque ni siquiera haya comenzado el otoño. Leer mas »

Aquel peronismo de juguete

Cuando yo era chico, Perón era nuestro Rey Mago: el 6 de enero bastaba con ir al correo para que nos dieran un oso de felpa, una pelota o una muñeca para las chicas. Para mi padre eso era una vergüenza: hacer la cola delante de una ventanilla que decía “Perón cumple, Evita dignifica”, era confesarse pobre y peronista. Y mi padre, que era empleado público y no tenía la tozudez de Bartleby el escribiente, odiaba a Perón y a su régimen como se aborrecen las peras en compota o ciertos pecados tardíos. Leer mas »

El Diablo en el cuerpo

J. Edgar, la última película de Clint Eastwood, despliega la guerra moral a la que está sujeta la corporación política norteamericana desde los albores de esa nación. Empecinado en perseguir a malhechores y diferentes desde el sillón principal del FBI –que dirigió entre 1924 y 1972–, J. Edgar Hoover fue el representante más conspicuo de la paranoia respecto de un presunto “enemigo interno”. Lo que la película viene a recordar es que la institucionalización de la sospecha en relación con el vecino de (otro) color no la creó George W. Bush con la Patriot Act, luego del 11-S. Leer mas »

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