Por
Juan sasturain. Escritor, periodista, guionista de historietas, conductor de televisión.
Un dato fundamental es que para el humor atorrante el chiste es un fin, un valor en sí: reírse es bueno, es sano y suficiente, no necesita de ninguna otra justificación ni permiso. Otro dato es que, sea humorista o no, el auténtico atorrante –a diferencia del boludo, del necio o del predicador– no lo es todo el tiempo. O no lo manifiesta, ya que el disimulo –la esgrima y el uso alternativo de cierta seriedad– es parte de la auténtica atorrantería. A veces, el más genuino atorrante es el que sólo muestra la hilacha o ni siquiera, como aquel Dr. Leer mas »